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martes, septiembre 21, 2021

“CONTRA EL FASCISMO” de UMBERTO ECO

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El nombre de Umberto Eco es sinónimo de erudición. Académico, investigador, profesor universitario, escritor, Umberto Eco fue, en su momento, el más importante intelectual italiano de su generación. Dedicado a indagar en la historia de la edad media, Eco tuvo la genial idea de escribir una novela ambientada en el medioevo: “El nombre de la rosa”. Su éxito fue inmediato y apoteósico. Su autor se convirtió en un referente en el mundo en todo el sentido de la palabra. Tenía 46 años. Siguió escribiendo sobre su especialidad: la semiótica y la historia antigua, sin dejar de seguir opinando sobre los grandes temas de la humanidad, hasta su fallecimiento el año 2016.

Mientras tanto, Umberto Eco fue también un solicitado conferencista. Precisamente en 1995, a invitación de la Universidad de Columbia, en Nueva York, dicta su famosa conferencia que es recogida en el libro “Contra el fascismo”.

Eco recuerda que siendo un niño en la escuela aprendían de memoria los discursos de Mussolini, creador del movimiento fascista en Italia, fundado en las ideas de un jefe carismático, el corporativismo, un nacionalismo exacerbado y el rechazo a la democracia representativa.

Eco sostiene, de otro lado, que el nazismo fue uno solo y no se ha reproducido. Y es que estuvo caracterizado porque fue pagano, politeísta y anticristiano. En cambio –dice- el fascismo es un movimiento elástico, una especie de juego que se adecua a reglas flexibles e intercambiables sin afectar su esencia totalitaria. En base a eso es que Umberto Eco desarrolla la tesis del fascismo eterno, el cual sigue vigente aunque remodelado.

Las notas características de ese fascismo eterno empiezan con el culto a la tradición. Eso implica el rechazo de la modernidad y la renuncia a la reflexión. Pensar es una forma de castración y el desacuerdo se convierte en una traición. Luego viene la idea de exacerbar el miedo a la diferencia: el racismo entonces se convierte en esencial.

El combustible de ese fascismo eterno, según Umberto Eco, es la frustración personal y social. Cualquiera sea el fracaso, detonará la adhesión. De ahí al nacionalismo, hay un pequeño paso. Estimular el orgullo de haber nacido en el mismo país procurará esa identidad y el rechazo a lo extraño: léase la xenofobia. La vida entonces se convierte en una guerra permanente. Por eso el pacifismo es una abdicación. No hay lucha por la vida sino vida para la lucha, es el eslogan del fascismo eterno. Adviértase la sutileza.

Umberto Eco sigue con su desarrollo y señala que el fascismo eterno para darle sentido a ese principio guerrero, recurre a una estructura piramidal: un líder que domine y sucesivas huestes jerárquicamente organizadas bajo la regla de la subordinación. Se trata de un elitismo popular: todos buscan ser héroes.

El fascista eterno, aquel que asume personalmente los valores en que se sustenta, no le teme a la muerte, la desea: es la recompensa a una vida entregada, heroica.

Ahora bien, estas condiciones categóricas de disciplina y heroicidad exigen mucha hombría y ser valientes, y entonces nace el machismo. Denostar a las mujeres y condenar a los homosexuales se convierte en el mensaje representativo del fenómeno.  Y es el ungido por el pueblo quien se convierte en su intérprete. Sin embargo, ese pueblo no es la suma de individuos con derechos propios sino la expresión de una voluntad común. Luego el pueblo se convierte en una ficción teatral y el líder en el amo y señor de las decisiones.

Las reflexiones de Umberto Eco en su libro “Contra el fascismo” son especialmente importantes porque nos revelan, a través de la teoría del juego, la vigencia del denominado fascismo eterno. Dicho de otra manera, al haber identificado las notas típicas y haber propuesto su diversa combinación, ha demostrado que el fenómeno se mantiene. La lectura de este aporte teórico de Eco así lo acredita.

Umberto Eco ya no está en este mundo, pero su legado intelectual permanece entre nosotros: la amenaza del fascismo sigue presente.

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