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martes, septiembre 21, 2021

El quinto coronavirus

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Estos últimos días han sido un revuelo de noticias confusas acerca del virus y sus consecuencias; he encontrado economistas que ahora son epidemiólogos, cardiólogos que son epidemiólogos, alarmistas que ganan seguidores manteniendo en pánico a la población del mundo, notas de prensa diciendo que las infecciones en el Reino Unido, Israel y otros países altamente vacunados son el prólogo del Apocalipsis, y que TODOS vamos a terminar muertos entre bolas de fuego y discos anaranjados de furia divina…

“No salgan de sus casas”, “No respiren”, “No vivan”

Sigamos como si fuera enero del 2020.

Sin vacunas, sin esperanza.

Y viendo las evidencias, esto no es cierto en absoluto.

Empezamos confundiendo dos niveles de inmunidad proporcionados por las vacunas; la inmunidad de anticuerpos neutralizantes, los que podemos identificar en los test serológicos, los que “caen” primero; y la definitiva, el trabajo del sistema inmunitario humoral, más profundo, que produce el pico final de anticuerpos, para brindarnos una inmunidad más estable, más duradera, más fuerte.

Por otro lado, una situación que podría ir por mucho mejor camino ha convertido a la pandemia en un frente con dos flancos: los vacunados y los no vacunados; dos guerras distintas, dos universos diferentes.

En el mundo vacunado se promueve terceras dosis en un intento ridículo de volver a subir la ola de anticuerpos, cuya función biológica como todos sabemos es declinar; mientras, nos olvidamos del mundo no vacunado: olvidamos que mientras el virus siga circulando en un planeta tan conectado como el nuestro, TODO lo avanzado entre la población vacunada podría desaparecer en un abrir y cerrar de ojos si no comenzamos a mirar a los no inmunizados y actuar más humana, científica y lógicamente.

Además, debo agregar que debemos comenzar a cambiar la meta: tener cero COVID es una meta irreal, desgastante económica y mentalmente. El costo psicológico de mantenerse alerta mucho tiempo ya está causando estragos en la población: para ejemplificar, un sistema inmune se enciende y se apaga; si se mantiene prendido demasiado tiempo produce otro tipo de consecuencias, como las enfermedades autoinmunes. Lo mismo sucede con nuestra mente; los efectos postraumáticos de esta pandemia podrían llegar a ser parecidos al síndrome del mismo nombre.

Lo más importante que deberíamos estar haciendo -considero- es comenzar a poner sobre la mesa lo olvidado hace mucho tiempo: cómo podemos mejorar el sistema para evitar que enfermedades respiratorias que se tramiten por aerosoles -la influenza, el COVID, la tuberculosis- puede hacer que nuestros sistemas de trabajo, de educación, etc., comiencen a incluir regulaciones distintas: días de licencia, espacios abiertos, modificaciones para ventilación adecuadas en los centros laborales, en colegios, centros de diversión; días de cuarentena para los diagnosticados positivos, y otras más.

¿Cómo podremos llegar a esos niveles si seguimos manteniéndonos asustados sin pensar en los demás? En algún momento el SARS-Cov-2 se convertirá en el quinto coronavirus, y nos producirá infecciones y reinfecciones que quizás ni sintamos, que pasarán como un catarro. Mientras llegamos a eso, debemos comenzar a pensar en el futuro, un futuro con regulaciones que no solo sean para unos, si no que beneficien a todos; regulaciones que no privilegien a los que tenemos facilidades, si no que lleguen a todos.

Es cierto: en este momento, en nuestro país, la vacunación avanza y estamos cubriendo lo urgente; sin embargo, no debemos dejar de lado lo importante, y cuánto podemos hacer durante este periodo de calma, cuánto podemos cambiar en las legislaciones. Si no somos capaces de comenzar a pensar en un futuro distinto, tal vez no seamos capaces de enfrentar lo que se viene inevitablemente; creo que podemos comenzar a plantear mesas redondas, simposios, conferencias, y promover desde todos los ámbitos de la sociedad civil, científica, educativa, que éste es un problema de TODOS, no solo de unos, y que o todos nos involucramos y comenzamos a pensar COLECTIVAMENTE, o el precio a pagar tal vez sea mas alto en el futuro.

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