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miércoles, abril 17, 2024

Vergüenza de la comisión Aguinaga

El día 29 de septiembre, en el Congreso de la República, se aprobó otorgar facultades a Alejandro Aguinaga y la comisión que preside para investigar los hechos de la pandemia, con un silencio absoluto y una complicidad abrumadora de todos los partidos respecto al #vacunagate. Una vergüenza aprobada por todos, sin objeción y ante la vista y paciencia del publico peruano, y sobre todo de muchos colegas que trabajamos en salud pública, y vemos de manera horrorizada la falta de decencia y de indignación, sobre todo de algunos que se han autoproclamado defensores de la democracia.

 

En este capítulo vergonzante de la salud pública peruana que parece no terminar y que ha dejado con más de un sentimiento encontrado a muchos de mis colegas -y a mí misma-, se ha demostrado que mas pueden los intereses políticos, los arreglos económicos y las amistades que pagan favores. Esta es una demostración clarísima del por qué la política está por los suelos ante los ciudadanos del país, que sin ser grandes científicos o literatos saben perfectamente qué nos espera con este tipo de representantes.

 

Todos los partidos votaron -112 votos a favor, ninguno en contra, cero abstenciones- para aprobar y dar facultades a una comisión investigadora que es un mal chiste. Anotemos: 

¿Qué clase de gente aprueba una comisión investigadora presidida por uno de los vacunados VIP del #VACUNAGATE?  

¿Qué clase de gente justifica de manera cínica su decisión? Sí, me refiero a la bancada morada, la que más pregona la dignidad ante todo y el centro en todas sus políticas, y con ninguna vergüenza ha pretendido acusar a la población de ignorante por no entender la complejidad del proceso de votación y de la norma votada, demostrando una mirada paternalista y soberbia, que deberían ir cambiando desde ya.

Pero no solo ellos: el otro partido que ha votado a favor ha sido Nuevo Perú, una decepción total; como profesional de la salud me siento personalmente impactada con este comportamiento indigno de parte de gente que consideraba rescatable. 

De los demás partidos no me cabía duda de que votarían a favor. No voté por ellos porque la gente que compone sus bancadas, salvo contadas excepciones, me parece deleznable y era obvio que se iban a comportar de esa forma.

Lamentablemente, de los dos únicos partidos que esperaba decencia tampoco la obtuve, y eso es demasiado fuerte e indignante. 

 

Tal vez en mi ingenuidad -como dicen algunos entendidos en política partidaria- me hace pensar que las personas que pretenden servir a la sociedad, que sueñan con llegar a dejar una huella en el país y en las vidas de las personas, pueden permanecer impolutas de cuestiones subalternas y sucias, y que en algún punto del tiempo me veré forzada a entender que algunas veces las cosas que se hacen o los medios que se usan no son los que uno quisiera para llegar a ciertos fines-

Pero no, jamás aceptaré eso.

Jamás aceptaré ese tipo de cosas, porque ese es el camino que lleva a dejar de condenar muertes, torturas e ignominias, justificando los medios usados con el fin obtenido. Y eso no es ni lejanamente posible en mi imaginario. 

Aunque debo decir -con esperanza- que no solo en el mío, si no en el de muchos otros colegas y amigos, muchos veinteañeros, treintones y cuarentones que hemos sido directamente impactados por el #vacunagate, por trabajar en Cayetano, o por ser alumnos de muchos de los involucrados. Sé a ciencia cierta que hemos compartido indignación, lágrimas de rabia e impotencia al no poder hacer nada, y el temor a que algún día pudiéramos actuar de la misma forma que nuestros mentores, y que intentaremos justificarlos, poniendo por delante el desconocimiento, el temor y la amistad

 

A ellos, a todos esos profesionales fuera y dentro del país que luchan día a día, que no están dentro de la argolla de científicos y profesionales de la salud, y tienen que bregar cada mañana con la familia, los malos sueldos, la lejanía y el cansancio; a todos los que creen que podemos construir un mejor futuro para nuestro sistema de salud, que llegue a los que realmente lo necesitan, sin amistades, compadrazgos o “tradeoffs”, a esos profesionales va dedicada la columna del día de hoy; específicamente a mis amigos Ángela, Jorge, Sebastián, Micaela y Joe, con los cuales hemos compartido tweets, cartas de protesta, y hemos tratado de levantar la voz, sin importar que podamos ser censurados por la argolla; con discrepancias, sí, pero con altura, como deben ser los debates entre profesionales: con las cartas sobre la mesa y sin arreglos bajo ella. 

Sé que así como nosotros hay muchos, a los que podemos dar voz, y con los que podemos hacer un país distinto. 

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