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jueves, enero 20, 2022

Construyendo la participación política de las mujeres

La semana anterior, el 16 y 17 de diciembre, fui invitada al IV Encuentro de Alcaldesas por el Bicentenario; 108 alcaldesas de todas las regiones del país asistieron, de distritos urbanos, rurales y periurbanos; de la selva, costa y sierra; de todos los orígenes y de todas las clases. Sin duda, la representación de un país de todas las sangres.

El encuentro fue organizado por los colectivos femeninos Manuela Ramos, Flora Tristán, Calandria, RENAMA, y varias organizaciones nacionales e internacionales: la representación de la Unión Europea, la Defensoría del Pueblo, y el Jurado Nacional de Elecciones. El evento ha recogido durante los últimos 4 años a las alcaldesas de todo el país, pero en esta ocasión el evento fue bastante significativo, al ser este el primero presencial después de dos años de pandemia. Varias de ellas fallecieron en este tiempo y las actuales -como ellas mismas mencionan- han visto su vida vuelta en 180 grados luego de este evento histórico.

¿Qué tiene de especial este encuentro? En un país como el nuestro, donde los feminicidios suman un número mas que preocupante, donde las mujeres somos vejadas a diario, y donde nuestra participación en política se ha visto ensombrecida por el acoso, su importancia es clarísima. A pesar que podría tomarse como un clásico saludo a la bandera, pues por lo común la parafernalia es más importante que los acuerdos, creo que este tipo de eventos pueden llegar a marcar una diferencia en la vida política del país.

Si bien el Perú ha sido golpeado terriblemente por la pandemia -algo que desde mi punto de vista como epidemióloga y profesional de la salud pública, fue incubado por el paupérrimo servicio de salud y la corrupción enquistada en el Estado- este evento me ha dado la oportunidad de pensar en un nuevo espacio democrático de salud, educación, y bienestar para nuestros compatriotas y para nosotros mismos; uno creado desde un punto de vista diferente y una activa participación femenina, con todo lo que social y estructuralmente significa eso.

¿Por qué digo esto? Porque dentro de los relatos y exposiciones de las alcaldesas de Ocoña , Chumbivilcas, San Martín, Pucacaca y muchas otras -tantas que no recuerdo a todas- siempre hay puntos en común: la fuerza, el interés, la lucha contra la corrupción y, sobre todo, la voluntad férrea de soportar el acoso; porque mas allá de todo, ellas deben demostrar que las mujeres no son aves de paso por la política regional y nacional, sino que han llegado para quedarse, y para establecer la diferencia.

Varias otras cosas me quedan claras luego de estos días. Por ejemplo, la percepción general de que lo que falta es gestión en los gobiernos regionales y provinciales y distritales, no es tan real; estas alcaldesas llegaron al poder local con proyectos aprobados y viables en mano, reclamando la puesta en marcha de los mismos; reclamaban, con justa razón, que estuvieron y aun están solas en la lucha. Reclamaban que al ser diferentes de sus pares hombres, que usan la bebida y las fiestas sexuales para tener funcionarios del gobierno central a su favor, el conseguir lo que necesitan para sus alcaldías resulta el doble y a veces el triple de difícil; reclamaban que como ellas no aceptaban la corrupción ni el diezmo, el acoso político, no solo de parte de su entorno, sino también de la prensa, se centraba principalmente en sus vidas personales y no en su gestión.

Desde el punto de vista que adquirí luego del encuentro, me queda claro que necesitamos un cambio urgente de sistema, una descentralización de la gobernanza que las mismas alcaldesas reclamaban; una descentralización y autonomía del gasto, para lo que intentan desde sus gobiernos no se quede trabado en el Ministerio de Economía y Finanzas y que ese gasto que ellas necesitan pueda ser usado en el momento oportuno, sin la necesidad hacer gestiones en Lima, tocando la puerta de ministros y congresistas, donde ellas, por su idiosincrasia, tendrán las de perder, pues aseguran que no le entrarán al juego del amiguismo y de los favores, como hacen sus pares hombres.

Al final, sólo me queda felicitar a estas mujeres que día a día bregan en el espacio mas sucio de estos tiempos: la política peruana; deseo que mantengan incólumes su voluntad y sus valores, por encima de lo que nosotros pudiéramos creer. También creo que necesitamos que estas mujeres, y todas las mujeres en general, nos demos cuenta que en ese mundo de hombres, construido por y para hombres ya no tiene espacio en el siglo XXI: debemos comenzar a construir nuestro propio espacio, político y social, donde prevalezcan la solidaridad, la empatía, la voluntad de cambiar las cosas para bien; uno en donde nadie se quede atrás, porque nosotras como mujeres sabemos mejor que nadie que es quedar atrás y debemos, estamos obligadas a lograr que no le pase a nadie más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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