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lunes, septiembre 26, 2022

Escenarios frente a la inevitable caída de Pedro Castillo

¿Se puede presentarse en el Perú de hoy, una situación donde la vacancia presidencial, en estricto sentido jurídico sea ilegal e inconstitucional, pero altamente legitima en la sociedad? SI, y no sería la primera vez que esto ocurra en la región latinoamericana. En la grave situación actual, lo más probable es que el presidente Castillo sea derrocado u obligado a renunciar  por la combinación de cuatro factores que están generando una inercia de incapacidad de gobierno: una interminable seguidilla de errores e indicios de corrupción que comprometen al presidente; ausencia de una coalición de fuerzas que sostengan al gobierno; una brutal ofensiva de sectores de ultraderecha desesperados, por tomar el poder y; un poder mediático que ha ganado la batalla informativa, con verdades, medias verdades o mentiras, construyendo un escenario catastrofista en el imaginario de amplios sectores.

 

Solo en un país con precaria institucionalidad y un sistema político, en fase terminal de crisis, como ocurre actualmente en el Perú, puede ocurrir una situación donde crece la legitimidad para derrocar al presidente desde el Congreso, aunque ese acto no se ajuste en sentido estricto a los artículos 113 y 114 de la Constitución e incluso del propio reglamento del Congreso. Sintomáticamente, a estas alturas, solo si un juez declara fundado un Recurso de Amparo o Habeas Corpus, podría detener la acción vacadora en el congreso y la sociedad, dándole un respiro temporal a Pedro Castillo. El problema es que, después de los audios difundidos este fin de semana, creo que ningún juez se atreverá a tomar una decisión.

 

Se trataría de una situación donde el derecho constitucional es rebasado abiertamente, pero con la tolerancia social de amplios sectores, incluso de aquellos que dicen hipócritamente defender la actual carta magna. Es un momento donde esa máxima que predicaba el grupo terrorista de Sendero Luminoso, “Salvo el poder todo es ilusión”, invade la ambición de algunos sectores, con una clara voluntad conspirativa. Ya sería una expresión anómica del sistema político peruano, frente a una ostensible debilidad de las fuerzas democráticas y la movilización ciudadana.

 

Estas cuatro condiciones aludidas, se vienen presentando en la actualidad en el Perú y expresan los rasgos evidentes de una crisis de régimen y descomposición de gran parte de las élites. Sin embargo, la caída de un presidente, en estas circunstancias, no quiere decir que con ella se cierra una crisis, sino puede ser el paso a un momento de mayor ingobernabilidad, donde casi todos los actores terminan metidos en un profundo pantano, sobre todos los más extremistas de izquierda y de derecha. En ese caso, cuanto más salten se hundirán más rápido y a mayor profundidad en esas aguas hediondas. Lo que no imaginan lideres como López Aliaga, Patricia Chirinos y el propio Vladimir Cerrón, es que ellos pueden también pueden perder, casi en la misma dimensión que Pedro Castillo. Solo bastaría mirar la experiencia fugaz de la aventura de la señora, Jeanine Añez en Bolivia, para corroborar que una fugaz aventura golpista, solo puede ser la antesala de una bancarrota mayor. El Perú de hoy cada vez se parece más a esa fase de entre 1996 al 2005, donde en Ecuador se derrocaron a tres presidentes constitucionales (Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez), solo que en una fase de menor tiempo.

 

Es innegable que, el presidente Castillo, se asemeja cada vez más, con sus actos deplorables, al comportamiento de los actores que pregonaba superar con su discurso de “no más pobres en un país rico” y contra la corrupción. En eso radica el acelerado desprestigio en vastos sectores e incluso en aquellos lugares donde la votación por el símbolo el lápiz fue aluvional como ocurrió en el sur y el centro del país.  En realidad, en cierto sentido ha sido el propio Pedro Castillo el hacedor de su propia auto vacancia presidencial, mientras un poder mediático exacerba los errores y sospechas.

Las sospechosas reuniones en la casa de Breña; la manipulación de los ascensos militares; el escándalo de los 20,000 dólares de Bruno Pacheco, ex Secretario General de Palacio de Gobierno y hombre de confianza de Pedro Castillo; las cuestionables licitaciones en Provias del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, y los diversos audios difundidos, dan cuenta que el Presidente, habría caído rápidamente en la telaraña de la corrupción e incluso con personajes (el caso de Karelim López) que ya habían tenido relación en contratos ilícitos o cuestionables en los gobiernos de Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, el propio Martín Vizcarra, además de haber aportado en él 2016 a la campaña electoral de Keiko Fujimori. A ello debe agregarse la interminable seguidilla de errores y mensajes contradictorios en el Poder Ejecutivo, en una actuación donde el actual inquilino de palacio de gobierno no solo no se deja asesorar, no escucha a las personas que saben de gestión pública, sino que tiene un desprecio por los hombres que inteligentemente se le acercan aconsejándole un cambio de rumbo.

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Frente a esta situación se abren hasta tres probables escenarios de desenlace de este momento muy crítico del presiden te Castillo, teniendo en cuenta que la oposición ya habría obtenido los votos para admitir la moción de vacancia presidencial.  El primer escenario, consistiría en que el presidente Castillo concurra al hemiciclo parlamentario obligado a responder en detalle, por las diversas acusaciones y que una mayoría no apruebe la vacancia presidencial. El segundo escenario es que, entre el interregno que media de la admisión de la vacancia y el momento de la presentación del presidente y/o su defensa legal, se ventilen nuevas sospechas en los medios de comunicación acelerando una voluntad de vacar al presidente, con lo cual se alcanzarían los votos para hacer viable la vacancia o el presidente acorralado este obligado a renunciar.

 

En este segundo escenario, habría dos opciones: o asume Dina Boluarte el mandato presidencial o la actual vice presidenta también renuncia, con lo cual la actual presidenta del Congreso asume interinamente el mando del Ejecutivo y obligada a convocar a elecciones en los próximos tres meses. Será un desenlace que abrirá un inevitable debate si se convoca a elecciones también para el parlamento o no, abriéndose un debate sobre los alcances del artículo 115 de la Constitución. El tercer escenario, es que un recurso de Amparo o Habeas Corpus paralice los efectos de la moción de vacancia, dándole un respiro temporal al presidente Castillo.  El antecedente inmediato anterior es que el año 2000, cuando renunció el expresidente Fujimori y luego el vicepresidente, Ricardo Márquez, se entendió que las «elecciones» que mandaba el artículo 115 de la Constitución, solo podían ser para elegir presidente y vicepresidentes, mas no para el Congreso.

 

Obviamente en la ponderación determinante sobre la viabilidad de estos tres escenarios pesarán mucho los intereses y cálculos de cada actor político.  Algunos opinaran que no es el momento de vacar al presidente, otros se opondrán por su evidente ilegalidad y voluntad golpista, mientras otros evaluarán si les es conveniente o no provocar de inmediato un nuevo proceso electoral.

 

El otro factor a tener en cuenta es el grado de respuesta ciudadana en la acción callejera por una u otra opción, mientras también pesarán los pronunciamientos internacionales y particularmente de la OEA. No debemos dejar de tener en cuenta que, a diferencia del 2020, donde el ex presidente Martin Vizcarra fue vacado en el segundo intento, éste tenía una popularidad del 60%, mientras que Pedro Castillo, hoy, se derrumba en las encuestas con una popularidad de solo el 25%. Sin embargo, sería un error subestimar la capacidad de reacción y movilización democrática de amplios sectores sociales. Pero, una respuesta amplia y sostenida de respaldo a Pedro Castillo, es poco probable. Lo que si puede convocar una movilización de la gran mayoría ciudadanía es que, de convocarse nuevas elecciones, la demanda popular sea para ambos poderes: El ejecutivo y el Congreso, volviendo a calar aquella consigna que dice: ¡que se vayan todos!

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