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jueves, febrero 22, 2024

PONER LAS BARBAS EN REMOJO

Se crítica severamente a Pedro Castillo, se le quiere defenestrar de palacio de gobierno, se le sataniza, se le ha endosado carteles (no con poca razón, pero sí con harta intolerancia) como azaroso, inepto, incompetente, corrupto, taimado, etc.; sin embargo, qué alternativa convincente, viable y eficiente hay en el “stock político”, qué opciones concretas existen; sin duda, el remedio, ahora mismo, podría ser peor que la enfermedad. Pedro Castillo no es el problema crucial del Perú; él solo es una casualidad histórica que emergió desde la crisis acentuada de liderazgo, confiabilidad e idoneidad.

 

Del conato de vacancia y de la votación en el congreso (76 en contra) hay que extraer lecciones democráticas. El antivoto contra el fujimorismo y Keiko Fujimori, que incluye a Avanza País y Renovación Popular, se ha trasladado al congreso. Al bloque de 43 congresista vacadores, solo se adhirieron 3 votos. Sin embargo, si se suman las cuatro abstenciones y las dos ausencias, la admisión de vacancia hubiera tenido el mínimo exigido: 52 votos. Así que tan holgada no ha ido la “victoria en el congreso” de Pedro Castillo. Funcionó la ronda de conversaciones previas y aceleradas, que representa el legítimo juego de la democracia: conversar, escuchar, esclarecer, concertar, coincidir, discrepar; es la lógica de toma y daca. Los audios, anunciados por Cuarto Poder, fueron cuento chino. Ni Keiko ni Aliaga ni Soto aceptaron el diálogo con Pedro Castillo. ¿La izquierda y la derecha, política e ideológicamente, están impedidos de conversar sobre asuntos de Estado e interés público? Razones tendrán, pero lo correcto en democracia es el diálogo y el consenso. Creo que es una oportunidad despreciada por la derecha para poner en prueba la tolerancia y la pluralidad. Fuerza Popular va en descenso: tres derrotas electorales consecutivas en segunda vuelta y languidecimiento numérico en el congreso; ya no son 73 durante el gobierno de PPK: un rodillo obstinado y atrabiliario. Los 76 votos en contra concentran a PL y APP principalmente, con algunas condiciones concretas: se investigue desde el congreso el caso del despacho en la casa de Breña, transparencia en la gestión, apertura comunicacional y decisiones correctas. Pero el gran enigma es qué negoció Pedro Castillo con Vladimir Cerrón. No hay que olvidar que en política nada es gratis ni hay lealtades absolutas.

 

Como no hay gobierno perfecto ni gobernante infalible, Pedro Castillo tiene que comprender que de los errores se aprende, se hace mea culpa y democráticamente se corrige y endereza el camino andado; esa es la ruta luego de la negación de la vacancia. Los 43 vacadores de la oposición dura, ya lo dijeron, van a buscar con lupa deslices y yerros del presidente, su entorno o sus funcionarios para resucitar la vacancia. No se aprobó la moción de vacancia, pero queda el rescoldo de la impotencia, el fastidio y el deseo latente de una segunda oportunidad donde haya suficientes y mejores razones. Tres ejes podrían orientar al gobierno de aquí para delante: enmendar errores, lucha contra la corrupción con resultados concetos y dedicarse resolver problemas urgentes; esto va a contribuir con el fortalecimiento de la institucionalidad y la confianza, cuyo primer reflejo serán las encuestas de la opinión pública. Si eso no ocurre, el fantasma de la vacancia seguro rondará otra vez. No me imagino al presidente Castillo explicando y esclareciendo públicamente en el congreso los cuestionamientos. Un profesor tiene la virtud de ser didáctico, exhibir paciencia y utilizar el lenguaje adecuado para el auditorio. Cuarentiséis votos insuficientes; 87 para la destitución es una utopía. El Perú necesita doble reconciliación: entre los actores políticos y entre estos y los ciudadanos cada más escépticos y desconfiados. La estrategia fue aprobar la moción para linchar a Pedro Castillo en el congreso y así demostrar su ineptitud para liderar los destinos del Perú. Así la situación era impredecible. El globo de ensayo de la vacancia se desinfló, pero no está pinchado. La no vacancia obliga a replantear las decisiones; no es que el presidente Castillo se siente en sus laureles y siga haciendo más de lo mismo. Pedro Castillo tiene la oportunidad de gobernar con aliados estratégicos (sin cogobierno ni cartas debajo de la mesa), con visión de país, desarrollo y bienestar.

 

Si Pedro Castillo fuera destituido, el Perú hubiera tenido la infeliz cifra (récor en América Latina) de en cinco años y medio seis presidentes. Esto solo revela inestabilidad política, fragilidad institucional y persistente polarización ideológica. La vacancia tiene sus causales precisas en el artículo 113 de la Constitución de 1993. No puede ser utilizada como un instrumento de control político, amenaza o “extorsión”. Luego de la denegación de la vacancia en el congreso, Pedro Castillo sumó una cuarta victoria en el legislativo; sigue vivo, no se ha ausentado del país como un díscolo, pero no le exime asumir sus crasos errores y erráticas decisiones; está a tiempo de enderezar la ruta y darle un rumbo justo al Perú. Hay que pasar con firmeza del discurso a la acción. La demanda de una asamblea constituyente no es una urgencia, menos la nacionalización de empresas privadas. Estamos, sin duda, ante un nuevo escenario de gobierno, en el tablero político y el diálogo como herramienta de entendimiento entre las partes. En el Perú hay respeto por la opinión discrepante, la disensión y la disidencia; felizmente no estamos en Cuba, Nicaragua ni Venezuela donde sí que la pasaríamos las de Caín.

 

Pasada la tormenta de la vacancia, el presidente Castillo y el Poder Ejecutivo no deben conducirse confiados ni persistir obstinadamente en decisiones erráticas. Es también necesario cerrar las brechas de la polarización y la intolerancia, sin los cuales la gobernabilidad y la estabilidad son frágiles y vulnerable a cualquier circunstancia adversa para la democracia. No basta gozar de la democracia, sino conservarla, fortalecerla y hacerla socialmente favorable para el bienestar de los ciudadanos. Cuando veamos que la gente tenga empleo, ingresos, mejora de la canasta familiar, precios al alcance de las necesidades prioritarias, entonces diremos que el gobierno ha cambiado de rumbo hacia la reactivación económica, la estabilidad política y la confianza ciudadana; es decir, estará orientado por el pensamiento social.

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