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miércoles, febrero 1, 2023

EL PRESIDENTE A LA MEDIDA DE SUS OPOSITORES

Según Donald Davidson (2003) nuestra subjetividad se va haciendo en interacción con los otros y con la realidad. Eso en términos simples significa que nadie es de una forma definitiva, sino que nos vamos autodefiniendo en interacción con los otros. La subjetividad, la objetividad y la intersubjetividad emergen en interdependencia y, según Davidson, todo comienza en esas situaciones que él denomina aprendizaje ostensivo. Se trata de ese proceso de ir comprendiendo la realidad, pero gracias a la dirección de otro. Yo me imagino una madre señalando un objeto al niño y repitiéndole la palabra para designarlo. Por qué escogió ese objeto y no otro, o con qué emoción acompaña dicha enseñanza, son aspectos que también van configurando la subjetividad de ese niño. Así pues, quiénes somos depende en gran medida de frente a quiénes me diferencia y a con quiénes me identifico.

He pensado mucho en estas ideas de Davidson en estos días en que reflexionaba sobre la crisis política que estamos enfrentando, pues quería entender los trasfondos e ir más allá de lo obvio. Lo obvio hoy es que el presidente ha sacrificado a su equipo del Ministerio de Salud por cubrir cuotas de poder que le garanticen la permanencia en el cargo. Y esto a pesar de que nos encontramos en plena tercera ola de una pandemia que ha sido especialmente asesina en nuestro país; y a pesar de que el Ministerio de Salud era su mejor carta de presentación, pues este había logrado escalar desde las cifras más deprimentes hasta la imagen de un país exitoso en el proceso de vacunación. ¿Cómo podría el Presidente cometer tamaño error? ¿Cómo puede el Presidente preocuparse más por la lucha por el poder que por la salud de los ciudadanos? Entonces fue cuando la lectura de Davidson me hizo girar la mirada para tomar consciencia de esos otros entre los que Castillo, de rebote, va construyendo su presidencia. Esos otros son esa oposición que hoy se nos pinta también angurrienta de poder.

No pretendo restar responsabilidad a Castillo. Es evidente que su decisión es inaceptable y nos deja en claro que él es incapaz de enfrentar con autonomía las exigencias de la situación. Pero si analizamos la conducta de la oposición desde el 6 de junio, fecha de la segunda vuelta, solo encontramos una sistemática campaña para patear el tablero. Hizo fraude, es comunista, es terruco, nos va a encaminar hacia peruzuela, es corrupto, es despilfarrador, es mentiroso, no sabe escuchar, es un títere de Cerrón, y un largo etcétera. En resumen: no nos gusta y debe irse. Pero no se dan cuenta que esas formas de ser oposición solo ofenden y destruyen. Ofenden a los miles de votantes que creemos en la democracia y en la importancia del respeto a las instituciones; y destruyen la importante relación que debe existir entre actores políticos y sociedad civil. Así pues, el camino que la oposición ha seguido yo lo puedo sintetizar en cuatro líneas de acción:

Falsear la realidad. Esta fue la primera forma de actuar: la descarada narrativa del fraude que venía con el supuesto de que Perú Libre era un poderoso partido político, capaz de copar las mesas más recónditas de nuestra serranía y capaz de orquestar una maquinaria jurídico-electoral de gran envergadura para lograr el poder. Esa farsa es hoy tan descarada que causa repugnancia recordar a esos analistas y académicos que la sostuvieron. Ojalá solo en la fantasía del fraude se hubiera quedado esta práctica, pero no, la campaña de los fake news se sigue desarrollando. Ahora resulta que Alicorp se va del país, luego que Coca-cola, que Perú Libre llama a no alentar a la selección, o que se vacunarán a los niños sin consentimiento de los padres. Por supuesto, toda esta campaña no sería posible sin el apoyo de medios de prensa decididos a jugárselas por completo a cambio de liberar la presidencia.

Terruquear. Se trata de una doble línea de acción, pues al mismo tiempo que generas miedo también desprestigias. El adjetivo que comúnmente repiten los opositores es ‘comunista’, y, para muchos, de allí a ‘terruco’ hay un paso obvio. Nuevamente, tamaña ignorancia ofende. Pues ese estigma de terruco se lo han asignado a Ministros, Congresistas o cualquier funcionario público que exija respeto hacia las instituciones. Entonces eres ‘caviar’, o ‘comunista’ o simplemente ‘terruco’. La última persona así tachada fue la actual Ministra de la Mujer, Diana Miloslavich, quien es acusada en un canal de televisión de haberse fotografiado con la Camarada Bertha, cuando en verdad se trataba de la madre de un estudiante asesinado.

Complotar. Esto no significa que haya un discurso unificado en la oposición. El único objetivo común es sacar al profesor de la presidencia, pero la oposición no cuenta con un liderazgo claro. Eso sí, han contado con el aval de instituciones internacionales como VOX de España, La Fundación Internacional para la libertad y, ahora último, la Fundación Naumann. En algún momento era la ‘Cofradía del Pisco’ un grupo de empresarios rebuscando las fórmulas para la vacancia, ahora es la angurria y prisa de la Presidenta del Congreso quien junta a las bancadas opositoras con el mismo fin. El complot no es coincidencia ni casualidad, y no tiene nada de inocente; es maquinar un plan de acción para lograr el objetivo que no es otro que patear el tablero.

Manipular la constitución. Es evidente que todo este plan debe lograrse con algún matiz de institucionalidad. El plan es lograr ir recomponiendo la constitución para desinflar el proyecto del profesor y luego expectorarlo. Restas formas al referéndum, desdibujas la cuestión de confianza, abres posibilidades a la suspensión del presidente, re-interpretas la incapacidad moral y un tan largo etcétera que la ex – ministra, Anahí Durand, ha dicho ironizando que el cambio de la constitución finalmente lo buscó la oposición.

Pues esta es la oposición que enfrenta Pedro Castillo. Una oposición tan ajena a los intereses de los ciudadanos y tan sospechosamente hambrienta de poder que no termina por ser confiable y cuya lucha no convence; muy por el contrario, es una oposición que repugna y deprime. Si la población no ha salido a exigirle al Presidente su renuncia es porque, así como hay conciencia de la incapacidad de Castillo, hay temor respecto a lo que vendría después. Si como dice Davidson, nuestra subjetividad depende de la intersubjetividad; en gran medida ese Presidente desconfiado, temeroso y a la defensiva es también producto de esa oposición que hambrienta de poder solo persiste en vacarlo.

Davidson, D. (2003) Subjetivo, intersubjetivo, objetivo. Madrid: Cátedra.

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