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martes, mayo 17, 2022

PAUL FARMER, UN HOMBRE PARA RECORDAR

Hace una semana falleció Paul Farmer, nombre emblemático en la salud pública mundial, y director general de Partners In Health; la suya es una pérdida inmensa en esta época de tanta incertidumbre y de pobreza humana. Fue el director de una institución dedicada a la búsqueda de la justicia social como principio para conseguir la salud y guiada por los valores de su fundador, un hombre comprometido con su causa que ha sido el ejemplo de muchos profesionales de la sanidad pública.

En este momento crítico para la humanidad, considero necesario resaltar algunos de los valores primordiales de este hombre y su organización, para entender y abrazar sus esfuerzos por lograr que las grandes instituciones académicas, científicas y sociales puedan entender la gran deuda que tienen con las personas mas vulnerables y necesitadas. 

Este hombre demostró desde sus primeros días en Haití que su compromiso como médico iba más allá de un mero juramento. Allí abrió su mente a la cruda realidad de una población vulnerable y disminuida, aparentemente elegida para recibir todas las plagas existentes, a la que la tuberculosis y luego el SIDA, junto a golpes de estado, abusos de las fuerzas armadas e injusticias de la élite gobernante diezmaron y siguen devastando, y definió que quienes trabajaran con ella debían exigirse comprometer su propia vida y salud. 

Construyó con algunas personas más, inspiradas por sus valores y sacrificio, esta organización que ha trabajado en los lugares más vulnerables y recónditos, desde Perú hasta Rusia, ayudando a cientos de miles de personas, basada en un solo principio: la justicia social. Porque para él la salud pública no significaba nada si primero no puedes ver a las personas como seres únicos e invaluables, que necesitan no sólo atención médica, sino atención para sus necesidades sociales; decía que es imposible tener salud si no se tiene trabajo, alimentación y un techo bajo el cual guarecerse, y que sin saneamiento o servicios básicos las enfermedades encuentran nichos de vulnerabilidad.

Luchó hasta sus últimos momentos, y junto con Partners in Health y otras organizaciones, apoyados tan solo en donaciones y becas de proyectos, impulsó que se construyera un sistema de rastreo de contactos durante la crisis de la COVID en los lugares más vulnerables de Boston; este, cabe resaltar, es uno de los programas más exitosos hasta ahora en Estados Unidos ligado a la pandemia. Y claro, siempre buscaba ayudar al país que más amó: Haití; para esto la organización seguía recabando ayuda humanitaria para apoyar a los haitianos después del terremoto de 2021 y durante toda la crisis pandémica con alimentos, medicinas, guantes, mascarillas y sobre todo agujas para poder poner vacunas.

Farmer fue hombre excepcional, sin duda, quien discutía las políticas de los estados que desprecian la vida humana y solo pretenden conseguir beneficios y poder, y que en algún momento de su juventud “robó” medicamentos para poder atender a poblaciones vulnerables afectadas por tuberculosis multidrogo resistente; no le importaba si no tenía donde dormir o comer, y usaba sus grandes habilidades académicas para poder conseguir lo que quería: más financiamiento para sus estudios y proyectos en los lugares más vulnerables. Él podía tomar decisiones fuera de los protocolos y, por sobre toda consideración, elegía la vida humana.

Este es mi homenaje emocionado para él. Desde que leí Mountains beyond Mountains de Tracy Kidder, un libro con el que lloré, reí y me enamoré de mi carrera y del compromiso con los más vulnerables, pensé que la vida y el pensamiento del Dr. Farmer podrían servir como ejemplo ante todos esos “líderes” que solo promueven la ambición e  intereses económicos. 

La incertidumbre actual por una -posible- guerra mundial causada tan solo por el ansia de poder de los imperios, nos pone ante un escenario donde en contraposición deberíamos tratar de emular a Paul Farmer y desafiar los protocolos y las convenciones para lograr un cambio para la humanidad, para nuestra humanidad, para nuestros hijas e hijos. 

¡Hasta luego, Paul! Tu legado perdurará aun con los que solo te escuchamos o leímos alguna vez.   

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