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martes, mayo 17, 2022

CHINA Y LAS DURAS LECCIONES DE LA ESTRATEGIA #ZEROCOVID

Después de casi dos años de pandemia, el único país del mundo que mantiene la política de #ZeroCovid es China; el presidente de ese país, Xi Jinping, ha decidido ratificarse en la aplicación de estas restricciones en la política de salud pública de este país, según recientes declaraciones. Esto ha producido que, hasta el día de ayer, se observe un colapso de la infraestructura económica y hospitalaria de las ciudades recientemente atacadas por la variante Ómicron.

Hace varios días circulan en las redes videos que muestran cómo los ciudadanos saquean supermercados o atacan e insultan personal de salud; la situación se percibe descontrolada y las autoridades realizan acciones desesperadas en su afán de mantener la política de cero Covid. Se trata de un desastre de proporciones mayúsculas, que sumado a la poca inmunidad natural de la población y a la baja cobertura de vacunación, ha desatado un ambiente de caos y desolación.

Las historias atroces de autoridades y pobladores en pánico, aniquilando animales de dueños enfermos u hospitalizados por Covid, por miedo a la transmisión; los testeos masivos que provocan que miles de personas queden recluidas aún en sus trabajos o la separación cruel e inexplicable de muchas familias, hacen que sea visible que estas estrategias, usadas como medidas de emergencia para el control del virus original a inicios del 2020, no son las más adecuadas ni social ni científicamente tras dos años de pandemia.

Y en este momento, año 2022, se tienen suficientes estudios que han demostrado que los efectos negativos de muchas de las medidas no farmacéuticas usadas durante esta pandemia son mucho mayores que los efectos positivos. Queda claro que la pérdida de ciertas libertades humanas básicas en favor de la supuesta seguridad ante la amenaza de la muerte no necesariamente se traduce en beneficios para una población heterogénea y con una alta tasa de pobreza: es decir, la mayoría de la población mundial.

Mantener la estrategia #ZeroCovid fue posible en China debido en gran parte al tipo de gobierno de capitalismo autoritario que mantiene desde hace décadas; sin embargo, al ser la dispersión del virus una problemática mundial para la que no existen fronteras, y el despliegue de vacunas lento y nada equitativo, se van notando los vacíos de protección que permiten evolucionar al virus. La estrategia que pretende eliminarlo es, así, simplemente, un fracaso. La alta transmisibilidad de Ómicron y sus subvariantes ha sido el “game changer” de la pandemia.

Dicho esto, las tristes imágenes de los últimos días desde Shanghái y Hong-Kong corroboran que debemos, como planeta, pensar en estrategias distintas de preparación ante nuevas pandemias. Y demuestran, además, que debemos tomar en cuenta a los depositarios de las políticas públicas, y asumir investigaciones que puedan enseñarnos más acerca de las diferencias y necesidades de cada grupo social.

La tarea es compleja pero necesaria, y debemos asumirla para evitar que volvamos a pasar por las consecuencias de estrategias y políticas de emergencia, que se producen sin evidencia suficiente ante nuestra completa indefensión contra un virus desconocido; debemos evitar las consecuencias de políticas erróneas como las que han causado la recesión en China, han dejado a la masa económicamente activa completamente debilitada y agotada, y convertida en una población que actúa de manera cada vez más agresiva ante la evidente voluntad de gobierno de mantener protocolos insulsos y sin sentido. El deber de los científicos y el de los Estados es evitar este tipo de consecuencias, darle a la comunidad las razones que necesita para confiar en que podremos cubrir sus espaldas, a través de fuertes políticas de comunicación que establezcan un vínculo de confianza entre la población y la estructura de administración de sus países.

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