0,00 S/

No hay productos en el carrito.

18.3 C
Lima
sábado, mayo 18, 2024

LAS TRIBULACIONES DE UN MINISTRO EN PROBLEMAS

Por Eloy Espinosa

A veces dejar de lado el rigor académico para ingresar en otras actividades, nos hace borrar con una mano lo poco o mucho que hemos hecho, o nos coloca al lado del precipicio. Estamos tristemente, siendo testigos de una de esos casos.

Aquí me refiero a aquel ministro que dejó de serlo porque en Palacio de Gobierno consideraban que no había cuidado debidamente al Presidente y lo había expuesto a la denegatoria de un viaje al extranjero. Lo sacaron casi sin agradecerle por los servicios prestados, y no le quedaba nadie más que volver a la universidad, seguramente para tratar de explicar a sus estudiantes aquello que hizo y que era contradictorio con lo que él en las aulas siempre planteó.

Pero siempre la suerte genera situación inusitadas. El nuevo ministro tenía posiciones muy fijas sobre ciertas materias, y, obviamente, ante la discrepancia con el Presidente, pronunció renuencia a su carga, que es lo que debe hacerse en estos casos.

El problema es que ya no había ministro, y al parecer nadie quería la cartera. Se dice que fueron entonces, como última vía, a buscar al ministro renunciado. Por decoro, debió decir que no, pero, sorpresas que da la vida, aceptó el regreso al lugar del cual casi lo sacaron a la fuerza.

El premio era acompañar al Presidente a una actividad de nivel mundial. En ese contexto, el Presidente planteó una serie de afirmaciones que indignaron a un sector del Congreso peruano, y sorprendieron (y no necesariamente gratuitamente) a muchos gobernantes e inversionistas extranjeros.

Por ello, al regreso a Lima, al ministro implicado le tocó al difícil papel de traductor, traductor del discurso presidencial y hasta de su propio papel como Ministro. Sobre lo último, e un canal de cable declaró, imperturbable, que él no dirigía la actuación internacional del país, ni hacía sugerencias al respecto. Únicamente se dedicaba a materializar lo que él Presidente le delegara sobre el particular.

Confieso que escucharle me dio vergüenza ajena. Ya no obra como pensaba, sino que comienza a pensar como obra? Pero el asunto no queda allí.

El Congreso, y sobre todo la Comisión de Relaciones Exteriores, exigía explicaciones al ministro, y este, en rigor, no podía negarse a darles.

Se programó la fecha y hora para ellos, pero parece que el ministro no se sentía muy seguro en su actual papel. Dos horas antes de empezar la actuación en el Congreso mandó un oficio pidiendo reprogramándola, pues tenía que presidir una reunión, cuya relevancia no descartó, pero que sin duda no estaba al nivel de la convocatoria congresal.

La reacción desde el Congreso ha sido inmediata. Se están corriendo las firmas para la interpelación del ministro, y con este Congreso , la ruta es conocida: interpelación, disconformidad con lo señalado de la interpelación, moción de censura y obligatoria salida del Gabinete , salvo en especiales excepciones.

¿Valía la pena arriesgar toda esa carrera académica así? En mi caso, la respuesta de otros (as) académicos (as), si se encuentran en situaciones similares, también debe ser no. Se puede enseñar con lo que enseñan los libros o la jurisprudencia, pero la mayor manera de hacerlo es con el ejemplo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Columnistas de Hoy

Seguidores

2,913FansMe gusta
510SeguidoresSeguir
5,258SeguidoresSeguir
450suscriptoresSuscribirte

Suscríbete a nuestro boletín

Bienvenido(a)👋 Un placer conocerte. Regístrate para recibir contenido interesante en tu bandeja de entrada.

¡No enviamos spam! Puedes desuscribirte en cualquier momento.