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viernes, mayo 17, 2024

De la supuesta tecnificación de la campaña al repotenciamiento ideológico del anticomunismo

Los medios y los fines

Los peruanos estamos siendo testigos de una segunda vuelta que, en su desarrollo, ha dejado de considerar como prioridad el debate de cómo solucionar el problema de la pandemia y sus efectos económicos ─sobre todo laborales─ y más bien se ha orientado a la disputa ideológica entre democracia y comunismo, identificadas maniqueamente como el origen de todo lo bueno y todo lo malo que respectivamente le puede esperar al país según la decisión que tome.

Esta ideologización de la campaña, lo advertimos desde la primera vuelta, ubica como actor principal al conglomerado de las derechas que cambió su discurso tradicional y hegemónicamente tecnocrático por uno que advertía de los peligros que sobrevendrían con un gobierno de izquierda (Pata Amarilla, 18 de marzo de 2021). A pesar de ello, el asunto de la pandemia y la recuperación económica parecían ser los aspectos de mayor urgencia por resolver, y lo que se demandaba, evidentemente por distintas razones e intereses desde la población, la izquierda democrática y las derechas, es que se plantearan con toda claridad ─y no solo con principios que todos sabíamos que debía defenderse─ qué, cómo y en qué plazos se haría. En otras palabras, aterrizar de los principios a las acciones y sus procedimientos.

Esto motivó, en la segunda vuelta, a que la señora Keiko Fujimori, Fuerza Popular y su larga lista de aliados (empresarios, intelectuales de derecha, medios de comunicación, etc.), exigieran de su rival, el profesor Pedro Castillo y Perú Libre, además de la explicación detallada de su plan de gobierno, la presentación en sociedad del equipo técnico que lo acompañaría si ganaba el gobierno. Sin embargo, inmediatamente a esto, la escalada de invectivas ideológicas tomó la mayor atención del proceso electoral, el anticomunismo renació para, como siempre, hacer su trabajo a través del miedo y el prejucio, predilectas y eficaces armas en un país como el nuestro que vivió toda la terrible insanía de un conflicto armando donde el terrorismo de Sendero Luminoso, el MRTA y las fuerzas del orden del Estado han dejado heridas que aún no han cerrado, sino que se están prolongando, agudizando y profundizando mediante la instrumentalización de lo ideológico asumido esto como falsa conciencia ─del terruqueo al comunismo─ y que, por lo tanto, no sabemos cuándo, en qué tiempo ni por qué medios logremos sanarlas.

En seguida se manifestaron los apoyos nacionales e internacionales para ambos; claro que unos menos convenientes que otros. Esto llevó a colocar en la agenda pública el pretendido realismo de los planes de gobierno y la calidad de los equipos de trabajo. Con ello se inició, como en el futbol, la temporada de jales.

Pareció evidente que era del lado de la derecha de Fuerza Popular de donde venía las personalidades que sí sabrían manejar el país, pues de Pedro Castillo, atrapado en un aparente conflicto con el partido y el líder que lo acogió ─Vladimir Cerrón y Perú Libre─ la esperanza no era alentadora, ya que si abundaba algo era torpeza e improvisación. Contrariamente a lo que se esperaba, el equipo de Fujimori se ha ido tornando peligroso en varias dimensiones.

Primero, no son solamente técnicos de renombre por su actividad en organismos financieros internacionales o de algún ministerio de algún anterior gobierno como ha sido el paradigma preferente en lo que va del presente siglo; sino que esto viene acompañado de una carga política conservadora del sistema en lo económico; cambio hacia adelante le llama la señora Fujimori irresponsablemente a pesar de sus agrietamientos, así como los manejos corruptos de aparato público. Nos referimos a Jorge Baca Campodónico, Luis Carranza y Carlos Bruce, entre otros. Personajes vinculados con los poco transparentes gobiernos de Alberto Fujimori, Alan García y Alejandro Toledo. Segundo, el equipo de salud encabezado por el polémico, por decirlo menos, biólogo molecular Ernesto Bustamante. Aquél responsable, junto con el señor Humberto Ortiz, de difundir una falsa conclusión y sus efectos negativos en la población acerca de las investigaciones sobre la efectividad de las vacunas Sinopharm en el Perú. Para él, dicha vacuna producía “más Covid que el placebo” y era “agua destilada” (Willax televisión, 5 de marzo de 2021).

Sin embargo, lo que consideramos de mucho mayor gravedad, en comparación a lo señalado líneas arriba, y con lo terrible que ya son en sí mismas, es lo referente al anticomunismo. El equipo técnico de la señora K. Fujimori ya no resiste tal calificativo pues se ha tornado en puramente ideológico y, en este sentido, represivo. Es decir, en lugar de repotenciar los aspectos técnicos de su plan de gobierno, lo que ha fortalecido es el anticomunismo. Personajes como, Francisco Tudela, Eugenio D’Medina por un lado, y Fernando Rospigliosi así como Óscar Váldes por otro, representan verbal y empíricamente tal afirmación. El tipo de opiniones vertidas, sostenidas en un fundamentalismo de derechas repletas de prejuicios viscerales, se encuentran alejados de toda reflexión conciliadora y pacífica de la política en los primeros (ver el programa Rey con Barba y Tuleda de Willax televisión, además del Twitter de D’Medina, sobre todo en tiempos de la violencia desatada por el gobierno ilegitimo de Manuel Merino). Mientras que, en los segundos, Rospigliosi y Váldez, es su pasado como ministros del interior los que los marcó como causantes del terror desatado en el llamado Arequipazo y en Conga respectivamente, incluso, ascendiendo al premierato, en el caso de este último.

Entonces, ¿de donde provienen los valores y las prácticas antidemocráticas? ¿Ideologizar al comunismo o a cualquier otra ideología política es democrático? El peligro de la prédica del anticomunismo no es necesariamente un daño a los supuestamente comunistas, sino es mucho más que eso. Es una clarinada, un aviso luminoso como el del terrorismo de Sendero y el MRTA o costoso como los exhibidos en San isidro, hacia los movimientos políticos y sociales contestatarios ante un posible cambio de régimen al que el fujimorismo nos lleve; de uno incipientemente democrático como el que tenemos a uno autoritario, competitivo o dictatorial, como el que ya tuvimos en los noventa.

Solo nos queda la esperanza de la moderación de esta versión del fujimorismo de la señora Keiko en un posible gobierno suyo, y que, desde la otra orilla, también suceda lo mismo, aun contra la evidencia de elementos e ideologías violentistas como parece ser las que profesa el señor Bermejo. No esperemos que suceda un autoatentado como en el Brasil de Bolsonaro para con ello moderarnos o de lo contrario desatar una persecución sangrienta a todo lo que sea atribuible a comunismo, a pesar de no tener la menor idea de lo que significa esto como se evidencia en el disléxico Rafael López Aliaga. Que Dios nos ayude.

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